lunes, 18 de enero de 2010

Refugio del viento.



El viento nos sacude a todos, el truco está en saber abrigarte. Si no lo haces acabas cogiendo frío, y un día te das cuenta de que junto a la inocencia se ha esfumado una parte importante de tí. Porque después de todo, lo vivido siempre sigue ahí, son las personas las que cambian, su forma de revivir esos momentos y la importancia que se les da. Esas pequeñas cosas que te van haciendo y deshaciendo, hasta que al final acabas pareciéndote a algo muy distinto de lo que te esperabas; y que puede gustarte más o menos, pero que nunca, nunca será igual que aquello que fuiste. Pero a nosotros no nos ha pasado esto, ¿verdad? Siempre supimos abrigarnos bien, echando mano de cada momento y guardándolo como el tesoro que en realidad era.

Quizás la inocencia no pueda volver, pero estoy seguro de que conseguimos rescatar todo lo que la acompañó. Por eso me aferro a la tierra como un árbol y el viento no me sacude; todo gracias a que fui echando raíces segundo a segundo, gracias a que logré abrigarme y gracias a tí.